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martes, 17 de abril de 2012

Actividad Grupo Jamones. Reseñas Literarias.

La actividad consiste en escribir un breve ensayo de una hoja ( A4) sobre un ascpecto de 2 relatos o poemas de estas dos direcciones (podéis elegir los dos que más os gusten)

http://lanarrativabreve.blogspot.com/p/microrrelatos.html
 http://laetus.blogia.com/temas/literatura.php

Escribiremos, también, un vocabulario con 10 palabras relacionadas con el relato o poema elegido, con su definición.

Publicaremos las dos reseñas con vuestro nombre, el título de los dos relatos o poemas elegidos y el nombre del grupo (Grupo A2-B1, Jamones) antes del miércoles 25 de abril (es decir, el martes como fecha última).

Haremos una entrada en el blog, o lo escribiremos como comentario a esta actividad. (sólo hay que pinchar en comentario y copiar vuestras reseñas).

martes, 7 de febrero de 2012

MICRORRELATOS.El bombero, Mario Benedetti

LOS BOMBEROS
Mario Benedetti

Olegario no sólo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía: “Mañana va a llover”. Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: “El martes saldrá el 57 a la cabeza”. Y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites.

Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Caminaban con él frente a la Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: “Es posible que mi casa se esté quemando”.
Llamaron un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Éstos tomaron por Rivera, y Olegario dijo: “Es casi seguro que mi casa se esté quemando”. Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.

Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.

Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.

Mario Benedetti, La muerte y otras sorpresas, 1968.